horizonte en el mar

 

¿Qué es realmente importante para ti? ¿Cuánto tiempo le dedicas? 
Estas dos simples preguntas pueden ayudarte a entender por qué estás como estás. 

Vivimos en una sociedad de consumo obsesionada con la productividad, que nos empuja a vivir en la urgencia: la urgencia que marcan los demás. Si observas lo que haces cada día, verás que rara vez dedicas tiempo a aquello que amas y te apasiona. La mayor parte de tu energía se va en trabajar, producir, atender las urgencias ajenas y consumir. 

Para mí, lo importante puede ser mi familia, mis proyectos, mi salud, la naturaleza y mi relación con ella, así como mi equilibrio emocional y espiritual. Si no pongo en mi agenda actividades dedicadas a estos valores, estoy perdido; condenado a vivir en lo urgente y a olvidarme, cada vez más, de lo importante. 

Trabajamos 40 horas semanales (o más), muchas veces sin disfrutar de nuestro trabajo. Luego sentimos la urgencia de comprar porque “hay rebajas”, de mirar el móvil y contestar mensajes, de ver los estados y reels de otros, de ordenar y atender todas las tareas pendientes de los demás. Si revisas tu lista de tareas, verás que aparecen muchos “otros” y rara vez apareces tú. 

Lo que “debo” hacer, lo que “tengo” que hacer, conseguir que todo esté ordenado y planificado, no fallar, hacerlo perfecto, estar pendiente de mis amigos, mis jefes, mis clientes, mi familia… y seguir cumpliendo con todas las obligaciones que me faltan. Debes, debes y debes: porque hay que quedar bien, responder a las expectativas de los demás, demostrar que eres capaz… y aun así sigues pensando que no es suficiente. 

Siempre quieres llegar a algún sitio donde “está” la felicidad, o tener alguna cosa que “te la dará”, pero nunca llegas, nunca la consigues. ¿Por qué? Porque es mentira. 
Te has olvidado de lo importante y lo has convertido en urgente, en obligatorio. 

Mira cuánto tiempo te dedicas a ti mismo. ¿Cuánto tiempo usas para hacer lo que realmente amas? ¿Cuánto tiempo dedicas a parar y descansar? 

Cuidado: la situación se complica cada vez más con las dos grandes obsesiones de esta sociedad: producir y consumir. Obsesiones y compulsiones, pensamientos en bucle y comportamientos impulsivos. “Consumo y produzco” se convierte en un mantra sin fin. 

Como no nos han enseñado a ver, comprender y sentir nuestro tiempo, vivimos muy deprisa. Nos alejamos de lo importante y perdemos la empatía. 

Mi solución —que cada vez me funciona mejor, aunque todavía la perfecciono— es mezclar: integrar en periodos de tiempo no muy largos el trabajo (que ya no lo llamo así) y el tiempo libre. Lo importante y lo urgente se van fundiendo en mi vida en “LO IMPORTANTE”. 

No sé si la vida tiene sentido. Lo que sí sé es que buscarle un sentido a la vida tiene muchísimo sentido. La vida es tiempo y el tiempo es lo que tienes aquí y ahora. 

  • ¿Qué vas a hacer? 
  • ¿Cuántas veces al día descansas? 
  • ¿Cómo descansas? ¿Cómo te relajas? 

 

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