
Cuando escribo hago terapia, cuando dibujo o trabajo, sigo haciendo terapia: aprendo en mi propio proceso.
Cuando practico Mindfulness, rezo, medito, hago estiramientos o deporte, vuelvo a encontrarme con la terapia psicológica en mi vida diaria.
Soy psicólogo, pero también soy paciente. Este descubrimiento llegó tras más de 23 años de experiencia en psicología clínica y en formación sobre cómo vivir mejor en el mundo. He trabajado con empresas, recursos sociosanitarios, colegios y universidades privadas. Y, aun así, sigo aprendiendo como paciente.
Cuando leo hago terapia. Cuando descanso y agradezco, disfruto del momento presente: sigo en terapia.
La terapia es un tratamiento. Si reconoces que estás herido o enfermo, necesitas apoyarte en una terapia que te ayude a vivir bien.
Cuando la vida cambia las cartas y aparece una crisis, una pérdida, una enfermedad o una mala racha, siempre puedes acudir a tus herramientas terapéuticas. Yo lo hago así: tomo lo que necesito en cada momento.
En cada crisis vuelvo a ser paciente y terapeuta a la vez. Y, sobre todo, vuelvo a aprender. Soy aprendiz por naturaleza.
Ser psicólogo y paciente a la vez me ha enseñado que, para vivir de manera serena, necesito entrenar hábitos, rodearme de personas que me aporten y realizar actividades creativas que me den sensación de progreso.
He descubierto lo que llamo espacios sagrados. Tengo varios fuera de casa —un museo, una capilla, un jardín, la playa— y otros dentro de mi hogar. Son referencias que me permiten descansar y reconectar conmigo mismo. Te invito a que encuentres los tuyos.
Vivimos en un mundo enfermo de prisa, violencia y poder. Esa velocidad mata la creatividad y adormece a las personas con infinitos estímulos. Falta empatía.
El amor, la serenidad, la paz y la empatía deben recuperarse a través del trabajo personal. La sociedad de consumo destruye con facilidad, igual que lo hace una adicción.
Los adictos consumen siempre “más”: más drogas, más objetos, más dinero, más trabajo. Da igual el qué. La droga favorita es más.
La terapia es, ante todo, un vínculo. Ese lazo se crea entre paciente y terapeuta, ya sea una persona con adicción, una familia o alguien que busca un cambio vital.
En mi carrera he visto que vivimos atrapados en creencias limitantes. Incluso las supuestas “creencias capacitantes” pueden convertirse en nuevas cadenas que llevan a la ansiedad y la depresión.
Se nos repite: “tú puedes”, “todo depende de ti”, “haz más para ser feliz”. Esa presión nos atrapa. Yo creo que toca lo contrario: aprender a relajarnos, simplificar, soltar la prisa y recuperar la calma.
No es por tu culpa. Necesitamos aceptar, confiar y soltar.
Si sientes que necesitas ayuda, aquí estamos para acompañarte en tu proceso de cambio.
Déjame tu comentario en la web y seguimos conversando desde ahí.

"Mi mayor satisfacción es ver a mis clientes crecer, encontrar su camino y alcanzar su potencial."
Con más de 23 años de experiencia como psicólogo y una trayectoria dedicada al acompañamiento.
Contáctame hoy mismo y encuentra el apoyo profesional que necesitas para superar cualquier desafío. Juntos trabajaremos hacia tu bienestar emocional y mental. Estoy aquí para escucharte, guiarte y ayudarte en cada paso del camino.